En esta situación dramática y de futuro incierto debemos recordar a Darwin: las especies que sobreviven son las que mejor se adaptan al medio.

Sin duda, el turismo constituye uno de los pilares principales de la actividad económica de nuestro país, una actividad de un gran impacto social y de una enorme transversalidad, por lo que sus tentáculos alcanzan y tienen reflejo en múltiples sectores y colectivos.

Para dimensionar lo que supone el sector turístico y acercarnos a los datos cuantitativos que evidencian su repercusión socio-económica, baste con resaltar que a España llegaron, en el año 2019 83.7 millones de turistas extranjeros, lo que representa unos ingresos estimados de 92.337 millones derivados de esta actividad. El turismo representa en nuestro país el 12,3% del PIB y es, o ha sido, capaz de generar el 12,7% del empleo total, 2,4 millones de afiliados a la seguridad social en este sector.

Por su parte, Andalucía recibió en el año 2019, (según datos de la ECTA y de la propia Junta de Andalucía)  32,4 millones de turistas, y estiman que supuso unos ingresos  directos e indirectos de 22.600 millones de euros para nuestra región.

A nivel mundial, según un informe de la OMT,  la estimación del impacto del COVID-19 apunta a «bajadas del -20%-30% en número de turistas internacionales, lo que supondría un declive de los ingresos por turismo internacional (exportaciones) de entre 300.000 y 450.000 millones de dólares, casi un tercio del billón y medio de dólares alcanzado en 2019″.

Ante esta trágica situación social y económica, sin precedentes ¿cómo deben los destinos enfocar y estructurar su oferta para atraer al “nuevo turista” tras el COVID-19?

 

¿Qué prioridades debe acometer los destinos? ¿Cuáles tienen más oportunidades?

Se nos plantea, pues, un escenario totalmente nuevo e incierto, en el que las incógnitas son numerosas y muy importantes. Todo dependerá de la evolución de la enfermedad y de las medidas adoptadas para paliar sus tremendos efectos en diferentes espacios y aspectos.

No obstante, aún a pesar de este enorme espacio de incertidumbre, nos aventuramos a afirmar que:

      • Los destinos tienen que hacer una alianza permanente con el concepto de desarrollo sostenible, entendiendo el concepto de sostenibilidad desde una perspectiva integral.
      • Nuevos valores están ya en la agenda del turista, para quedarse: seguridad y salubridad en el destino.
      • Se producirá una introspección turística, es decir, primará el turismo de cercanía, al menos en el corto plazo. Un turismo alejado de masas, que no exija desplazamientos colectivos y busque espacios libres y auténticos. Ganarán posiciones los destinos locales que cumplan con estos requisitos.
      • Se exigirá la mejora de la “gobernanza” del sector, incidiendo en fórmulas de interacción público-privada.
      • El sector exigirá mayor profesionalización en la toma de las decisiones públicas.

El nuevo turista será más “consciente” antes y durante su estancia. Sin duda, esta pandemia va a implicar una modificación sustancial de los hábitos de consumo en general, y especialmente en los hábitos de consumo de ocio y turismo. El turista post-covid será más cauteloso en la elección de destino. Necesitará, además del atractivo de la oferta, que los actores turísticos sean capaces de garantizarle seguridad y la salubridad.

En el nuevo turista confluirán dos sentimientos contradictorios: el miedo y el ansia de libertad. Huirán, al menos en el corto plazo, de destinos masificados, evitando espacios donde se congreguen muchas personas, eludiendo medios colectivos de transporte, etc. Por otro lado, tendrán (tendremos) una imperiosa  necesidad de disfrutar en libertad, de gozar de espacios abiertos al aire libre, especialmente aquellos turistas que residan en grandes ciudades.

Por tanto, los destinos ubicados en estos entornos alejados de la masificación, capaces de contar con una oferta identitaria, que preserve sus valores autóctonos, que proporcionen libertad de movimiento y sean capaces de arbitrar medidas para garantizar la seguridad al turista, en múltiples aspectos, ocuparán los primeros puestos.

Desde esta perspectiva, se abre una oportunidad para destinos ubicados en entornos rurales, para el interior de las provincias, destinos locales que han sabido preservar su propia identidad y que son capaces de garantizar, además,  la seguridad y la sostenibilidad natural y cultural de su patrimonio. Serán los destinos más competitivos.

En el desarrollo del turismo tomará fuerza una máxima que rige en el desarrollo local desde dentro hacia el exterior, o desde abajo hacia arriba”. Desde lo local, desde lo  autóctono, desde lo propio y auténtico, pero sin perder de vista las tendencias generales del mercado. Desde lo local para lo global, el turismo comenzará a recuperarse aplicando este principio básico, propiciando el conocimiento y redescubriendo el “interior” de destinos cercanos.

 

Nos encontramos en una situación en la que es necesario definir  QUÉ  MODELO DE DESARROLLO DE TURISMO queremos.

¡ LA SOSTENIBILIDAD EN EL CENTRO DEL MODELO DE DESARROLLO TURÍSTICO!

Esta crisis abrirá, sin duda, un espacio para reflexionar y mejorar sobre el modelo de desarrollo turístico que deseamos y para tomar conciencia, más aún, de la necesidad de dar prioridad a este sector en el marco de la política pública.

Es el momento de profundizar y hacer más efectivos modelos de interacción público-privada, en los que el proceso de gobernanza en el turismo desplegara todo su potencial y evolucionara a nuevas fórmulas, que faciliten la toma de decisiones y señalen estrategias eficaces. Creemos que es imprescindible adoptar y asumir modelos de desarrollo turístico en los que primen  objetivos de índole cualitativa antes que los cuantitativos. Sin duda, en estos modelos modelo de desarrollo turístico  es fundamental profundizar en una alianza estratégica con la “sostenibilidad integral» (ambiental, económica, social, en sus procesos y en su comunicación).

En este mismo sentido se pronuncia el presidente del lobby turístico Exceltur, Gabriel Escarrer al afirmar que lsostenibilidad será clave para el mundo que deje el virus, ya que los ciudadanos serán «más conscientes» de su entorno, «tanto como miembros de una comunidad social como de un planeta».

Es el momento para trabajar para conseguir una oferta que logre posicionar los Destinos 4S: Sostenibles, Seguros, Saludables y Solidarios”. Estas son las cualidades del destino que priorizará el “nuevo turista. Destinos turísticos que cooperen con sus empresas y productores, que cuiden a sus empleados, que permita involucrarse a la población local,que valoricen su patrimonio, que implementen medidas de seguridad, de salubridad y de confianza para el turista. En definitiva Destinos Humanizados.

María Serrano, socia-consultor de ADEITUR Consultoría Turística.